German Maggiori : "La ciencia ficción es una forma de realismo".

Publicado originalmente en "Mokeskine literario", de Iván Thays. Aquí tienes en enlace.

La primera novela de Germán Maggiori, Entre hombres, ganó el  primer concurso internacional de novela por Internet llamado La Resistencia Literatura, y que tuvo como jurado a  Juan Villoro, Alberto Fuguet y Rodrigo Rey Rosa. A pesar de todo, en ese 2001 el éxito le fue esquivo y el libro no tuvo mayor difusión, pasando a convertirse en una obra de culto. Catorce años después, su segunda novela aparece editada por Tusquets - Cría terminal- y es en clave ciencia ficción, aunque como suele suceder en el género la realidad más coyuntural se impone. Lo entrevista Jorgelina Núñez para Revista Ñ.
Aquí algunas preguntas:

–Una fuga apocalíptica…
–Mis temas siempre son apocalípticos y reposan en la certeza de que podemos estar peor. La ciencia ficción es una forma de realismo. Rodolfo Walsh decía sobre las vanguardias algo que para mí se aplica a la ciencia ficción y que de alguna manera rige mi novela. La vanguardia es la forma que adopta el realismo en un contexto histórico de agotamiento. Creo que lo mismo es válido para la ciencia ficción. El futuro es un pretexto para contar el presente, uno se ampara en estas convenciones del género para poder contar algo de lo que pasa ahora.
–¿Afirmaría que la suya es una novela política?–Lo es pero no pretende hacer ningún tipo de denuncia. La política siempre está presente en lo que escribo porque el contexto de mis novelas es la realidad argentina. En este libro, la política está en relación con el submundo de los servicios de inteligencia, la manipulación, el manejo y el poder que significa contar con bases de datos, el archivo como un subconsciente del Estado que tiene toda la información y la usa de manera perversa. Y también con aquellos temas históricos que me siguen obsesionando, por ejemplo, la cuestión de la identidad.
La montonera tecnológica
Cría terminal es una novela compleja, barroca, pesimista, irónica y nada complaciente pero a la vez fascinante e intensa, abrumadora en la proliferación de acontecimientos y en la estructura disruptiva del relato. Y llamativamente clarividente, porque pone en el centro de la trama la acción de los servicios de inteligencia, tan mentados por estos días. Por todo lo anterior es, en cada momento, una novela argentina, que además rinde tributo a la literatura gauchesca y cuyo lenguaje atraviesa el texto mezclado con el de la modernidad electrónica y cibernética (“En algún punto bizarro de la historia la nueva generación de gauchos había extraviado la mística de sus antepasados: se vestían estrafalariamente con ropa de cuero sintético y bombachas batarazas impermeables; algunos acostumbraban llevar un peto antibala debajo del riguroso coleto pantanero”).
–¿De qué manera pensó incluir la tradición de la gauchesca en la novela?–Es una gauchesca westernizada, de cine clase b, un gesto retrofuturista pensado para llevar al futuro esa tradición. Por otro lado, pienso que la barbarización es uno de los escenarios más probables para la humanidad en el futuro y es allí donde los nuevos gauchos se mueven.
–Roberto Arlt es otro referente.–La novela tiene también aspectos arlteanos porque trabaja con la idea del complot, un tema que también es propio de la ciencia ficción, junto con las sociedades de control y la paranoia. Y quise hacerme eco de algunos mitos urbanos y rurales construyendo pequeñas historias o microrrelatos dentro de la novela que se engarzan con la trama central y contribuyen a crear el clima de agobio y paranoia. La idea de que siempre hay algo atrás de lo que nos muestran, que la realidad es más oscura y perversa y un poder oculto maneja los hilos. En este momento, es un discurso compartido por un sector como por el otro, gobierno y opositores. La idea es que nunca somos libres. Se nos habla de libertad pero estamos totalmente manejados por poderes en las sombras.
(…)
–Es llamativa su confianza: en el 2051 en que transcurre parte del libro, la Argentina sigue existiendo.–A pesar de todo, yo creo que la Argentina va a seguir existiendo en ese año y probablemente en mejores condiciones que las que plantea el libro. O eso quisiera yo para mis hijos.